30 de diciembre de 2007

Año nuevo

Le pido (entre otros):

En general y con mayúsculas:

SALUD.

EMPATÍA, RESPETO Y EDUCACIÓN para todos. Tres conceptos claves para vivir en armonía y que se resumen en "trata a tu vecino como deseas que te traten".

LUCIDEZ y COHERENCIA para los que gobiernan el país.

En particular:

Suerte con los números: ya sean los temas de la oposición o el euromillón.

Mantener intacto mi sentido del humor y orden de prioridades en la vida. Que los árboles no me impidan ver el bosque.

Deseos íntimos o despertar y leer los siguientes titulares:

Secuestro del "Hola", ejemplar de Enero. Sentencia de la Audiencia Nacional que declara el contenido e ilustraciones de dicho ejemplar gravemente lesivas para el interés general y orden público.

Nobel de literatura a Ibáñez y su nombramiento, con carácter de autoridad, como Defensor del Menor.

Nombramiento de Forges como Ministro de Administraciones Públicas.

Aprobación de la imposición de multas pecuniarias a políticos por:

a) mentiras flagrantes
b) declaraciones de mal gusto
c) bromas sin gracia y/o que la gracia solo se la vean ellos.
d) subestimar la inteligencia del pueblo español

Posibilidad de sustituir las multas anteriores a elección de los perjudicados por tomatina contra el condenado en la plaza principal de la localidad que se trate. El control de calidad de los tomates correrá igualmente a cargo dichos perjudicados, previa acreditación del perjuicio causado (tanto moral como material).

Ámbito funcionarios: Control efectivo de la productividad. Separación del servicio sin posibilidad de reingreso para aquellos adscritos al departamento de "palos-al-agua".

Invento político frustrado: Eliminación de los denominados "puestos de confianza".

Reforma del Código penal: cumplimiento íntegro de condenas y elevación de penas para determinados delitos.

Sorprendentes descubrimientos:
- El chocolate quema grasa.
- El helado de leche merengada protege de los radicales libres.

Freddy Mercury vive.

¡FELIZ 2008!

25 de diciembre de 2007

Misión especial: "Navidad-del-desierto"

Me pregunto si habrá un estudio sobre la personalidad en relación con la forma de abrir los regalos.

En esto P. y yo nos parecemos tanto como un huevo a una castaña. Yo debo ser la castaña y él, el huevo. Yo dura y él, delicado.

Primero le dí el maletín. Cogió el paquete y sonriendo dijo "ya sé lo que es". Lo abrió tomándose su tiempo en quitar la cinta adhesiva y desenvolviéndolo por sus pliegues. Lo sacó, examinó el exterior, abrió las cremalleras, palpó cada bolsillo, hueco, compartimento, lo agarró con las dos manos y puso la misma cara que un niño el primer día de colegio con su cartera nueva. "Qué ganas de vaciar el viejo", dijo.

Yo, programada en versión ráfaga de ametralladora: "¿te gusta?, ¿sí?, ¿sí? ¿viste que buen tamaño?, ¡qué cómodo se ve!, ¿verdad? ¡me encanta el material!, ¡el asa parece tan cómoda!, ¿a que sí? ¡te pega un montón!, ¡qué bonito!, ¿verdad?".

Aprobado con nota alta el primer regalo volví al dormitorio a por el segundo, cerrando la puerta para sacarlo de debajo de la cama como si él no supiera donde ha estado guardado todas estas semanas.

Le dí la caja y le dije, para darle más emoción: "con cuidado". Levantó las cejas con cara de sorpresa, colocó la caja sobre sus rodillas y empezó a desenvolverlo con el mismo cuidado que el regalo anterior.

Deshecho el primer pliegue y en vez de quitar todo el papel, se asomó primero al interior para quizás ver la esquina del regalo y tener así una pista sobre su contenido.

Pero no contaba con que yo, agente secreto especialmente entrenada para misiones navideñas, había envuelto el regalo en dos capas. Una, la propia bolsa de plástico de la tienda y otra, el papel brillante de regalo. "¡Otro papel más!", dijo, riéndose.

No, no iba a ser tan fácil.

Quitó el papel y nuevamente con mucho cuidado la cinta adhesiva de la parte superior de la bolsa. Se asomó, vio una esquina de la caja, me miró, abrió mucho los ojos y dijo: "¡No!". Y yo: "¡Sí!". Y él: "¡No!" y yo: "¡Sí!".

Y por unos segundos, compartimos el mejor diálogo de besugos de toda la historia escrita sobre la Navidad.

Misión "Navidad-del-desierto": COMPLETADA.


* P. ha extendido en la mesa del comedor el contenido de la caja con sus accesorios y manuales de instrucciones. Hoy podrá jugar durante todo el día como el resto de los niños, liberado expresamente de las cargas domésticas.

Yo daré cuenta de los "Ferrero" que me compró. Mi regalo (super-regalo, mejor dicho) llega a mediados de enero pero P. pensó que yo no debía quedarme ayer con las manos vacías.

¡Feliz Navidad!

24 de diciembre de 2007

Mariposas en el estómago

Cada 24 de diciembre me transformo en el demonio de Tasmania. Si tuviese suficiente flexibilidad en el cuerpo andaría haciendo remolinos por la casa, dando vueltas sobre mí misma y subiéndome por la pared y el techo, dejando una estela de polvo y humo.

Qué emoción.

De pequeña sentía exactamente lo mismo la noche del 5 de enero. Me tenían que arrastrar a la cama pero la mañana del 6 era la primera en despertar, corría al salón, encontraba los regalos y volvía al cuarto a sacudir a mi hermano: "¡Manu! ¡Han llegado los Reyes!".

Hecho el anuncio oficial volvía del nuevo al salón y empezaba mi clasificación de los paquetes. Entonces aparecía mi madre, presuntamente recién despertada y yo de nuevo, creyendo que daba la exclusiva: "¡Han llegado los Reyes!" y ella "¡oh!", con cara de sorpresa. Justo después iba al dormitorio de mis padres y me asomaba a la puerta y si mi padre tenía ya abiertos los ojos, dale que te pego con mi afán reportero: "¡Han llegado los Reyes!".

Informado todo el mundo de la llegada de sus Majestades ya me sentía moralmente autorizada para abrir los regalos, rasgando el papel, a lo bruto. No tengo paciencia para ciertas cosas. Y aparecía mi hermano aún medio grogui y yo, de listilla: "¡este es para tí! ¡y este! ¡y este!", que ya había ordenado los míos a un lado del sofá y los suyos en otro.

Los regalos que más ilusión me hicieron de pequeña fueron un mercado de plástico con su caja registradora y sus cestos para las frutas y hortalizas y una cocinita que parecía de verdad y ponías un cazo, un huevo de plástico y blup, blup, blup. Se cocía. Otro año me regalaron un cochecito de bebé en el que yo metía al "Nenuco" y me dedicaba a cambiarlo de habitación y a revisar de vez en cuando que siguiera bien tapado.

Los juegos que más compartí con mi hermano y que casi siempre acababan en tragedia eran el Tente (sustituido luego por el Lego) y el Scalextric. Y un parking para su colección de cochecitos con taller y túnel de lavado incluido. Digo tragedia porque en algún momento acabábamos lanzándonos alguna pieza del Lego a la cabeza o yo, molesta porque él siempre "se pedía" los mejores coches (el Mini verde, el Pontiac y el Boogie), le daba un manotazo al parking que habíamos hechos con lápices sobre la colcha de rayas de la cama y salía huyendo despavorida antes de que me alcanzara su ira.

Me duró poco la ilusión de los Reyes porque me enteré enseguida que eran los padres. Recuerdo que no me sorprendió demasiado y que no le dí importancia siempre y cuando yo siguiera teniendo mis regalos puntualmente cada Navidad. Ya por entonces era muy práctica.

Con el tiempo las tradiciones fueron cambiando y un día decidimos que nos entregaríamos los regalos el 24 de diciembre. Con este cambio me ahorré la tremenda ansiedad que me daba esperar hasta el 5 de enero.

Y hoy es nuevamente 24 de diciembre.

Tengo los regalos de P. escondidos en la cama, bajo los edredones y toallas. Él sabe perfectamente dónde están, claro, pero también sabe que si los mira o los toca, es guiri muerto.


Dice que no le gustan las Navidades y por lo que me ha contado de su vida es lógico. Me he propuesto que haga borrón y cuenta nueva. Estos días intento meterle en el cuerpo el gusanillo de la emoción navideña: "quedan x días para que tengas regalos", "ya queda menos", "¿qué crees que te voy a regalar?".

Le he comprado (qué bien poder escribirlo en el blog sabiendo que no lo leerá) un maletín negro de lona para su trabajo, para que pueda limpiarlo sin problemas y la PlayStation. Esta última es un regalo que la vida le debe porque de niño no tuvo la oportunidad de ser niño. Le he comprado también un juego de guerra, "no solo de pegar tiros, también de estrategia", le dije al vendedor. Creo que le gustarán muchos sus regalos y que se espera el primero pero no tiene ni idea del segundo. Estoy deseando ver su cara cuando rompa el papel.

Y espero que esta Navidad suponga el comienzo de muchas más llenas de ilusión y que poco a poco su niño interior se desate y sienta lo mismo que yo en estas fechas, que he borrado de mi mente los malos recuerdos y no permito que me chafen estas fiestas.

¡Feliz Nochebuena!

22 de diciembre de 2007

Un poco de ilusión

Cada 22 de diciembre.

Desde que se implantó el euro el soniquete de los niños de San Ildefonso ha perdido casi todo su encanto pero yo sigo enchufándome a la televisión o la radio este día como parte de mi tradición navideña.


Con el primer café de la mañana le he explicado a P. la historia de nuestra Lotería, el origen del colegio de San Ildefonso, el sistema de los bombos y que al final del sorteo, para aquellos a quienes la suerte no les guiñó el ojo, la salud sigue siendo lo más importante y "aún nos queda el Niño". Y que los afortunados "taparán agujeros" y se ducharán con cava a pesar de las bajas temperaturas.

Envuelta en la manta, desayuno galletas navideñas y espero.

P. me mira de reojo y se ríe con mis "uyyyyssss", "casiiiii" y me pregunta cómo soy capaz de soportar el ti-ro-ri-roooooo del cante de los niños.

"Ser español de origen y años de entrenamiento", le digo.

15 de diciembre de 2007

Cha-cha-chá.

¡Bubangos!

La primera vez que oí esa palabra fue de boca de mi amiga Lego.

En Gran Canaria los llaman calabacinos y en la península, calabacines. Pero la palabra bubango es mil veces más musical y es la que usan en Tenerife. Se me van los pies cuando la pronuncio.

He encontrado los redondos en el supermercado y se me ha antojado cocinarlos rellenos. Con los alargados es complicado hacerlo. Primero por la forma y segundo porque tienen mucha agua y quedan demasiado blandos.

Los bubangos se cuecen primero al vapor un par de minutos. El relleno lleva cebolla pochada, ajo, gambas, una pizca de pimentón, la pulpa de los bubangos, una cucharadita de harina, sal y pimienta negra.

Al horno diez minutos con un poco de parmesano por encima y cha-cha-chá.


13 de diciembre de 2007

Invierno canario

Ya llegó, precedido por las lluvias.


Hoy me puse por fin las botas altas y llegué a la ofi dando saltos, esquivando los charcos. La lluvia es todo un acontecimiento en la isla y en el sur, una fiesta. Llueve poquísimo y de una sola vez todo lo que debería llover a lo largo del año.


La mala noticia es que en general la isla no está preparada para soportar tanta agua de golpe y además de atascos, las carreteras se inundan y el alcantarillado se colapsa.


La buena noticia es que el ambiente se refresca y esta tierra, agradecidísima, florece de un día para otro. Las buganvillas se reproducen aún más coloreando el paisaje de fucsia, rojo, violeta y naranja. Y lo que ayer era una ladera amarillenta hoy es una alfombra verde moteada de colores.


Los canarios están muy orgullosos de su tierra y sus productos gastronómicos. Muchos de ellos viven en casas terreras con su propio huerto o trocito de terreno con árboles frutales. Si saben que cocinas no tardan en regalarte alguna caja de papas, tomates, aguacates o si ya llegó el invierno, naranjas.





M. es la catadora oficial en la ofi de mis queques. Cada día suelo llevarle un trozo para el desayuno o alguna magdalena. Sus preferidas son las de manzana pero disfruta de cualquier dulce que le lleve. Hoy me plantó en la mesa una bolsa de cartón llena de naranjas. Sabe que aprovecho hasta las cáscaras y que me parece un lujo que lleguen a mi manos directamente del árbol, algunas aún con sus hojas y trocitos de rama.


Mañana desayunará un trozo de queque de naranja y escuchará paciente las recetas que tengo previsto hacer el fin de semana y cómo me cambia la cara cuando le describa la amasadora que le he pedido a los Reyes Magos.


Queque de naranja
1/2 taza de mantequilla
4 huevos
2 tazas de azúcar
3 tazas de harina
Levadura química
1 pellizco de sal
1 naranja pelada
2 cucharaditas de cáscara de naranja confitadas
1 chorrito de ron
Mezclar los huevos con el azúcar y cuando la mezcla esté espumosa añadir la mantequilla en punto pomada, mezclar un poco más y añadir la naranja triturada, la harina, levadura, cascaritas de naranja, ron y sal. Mezclar lo justo para que la harina no se engrase demasiado, echar en molde de cake y hornear durante 40 minutos a 170 grados (con aire).

7 de diciembre de 2007

Oink!

Al parecer el jamón ibérico ya es legal en Estados Unidos.

Horror.


Confiaba en que los yankees siguieran arrugando el morro al ver nuestros cerdos embarrados hasta las orejas, trotando con sus culillos garbosos de aquí para allá, felices masticando bellotas y agitando sus rabitos mientras pisotean el pasto. Y que siguieran horrorizados ante la visión de los jamones curándose en la oscuridad, colgados de sus ganchos y goteando grasa.


A mí el buen jamón me deja un regustillo de coñac en la boca. Y me hacía tanta ilusión pensar que era solo nuestro. O darme una palmada en el muslo y afirmar "¡pata negra!". O ir a correos a recoger algún paquete de mi madre y encontrarme por sorpresa con un par de sobres de paletilla envasada al vacío. Y qué sería de mi caldo sin su hueso de jamón. Como dicen, a mí del cerdito me gustan hasta sus andares.




Yo no quiero que nuestros cerdos hablen inglés. No quiero que los precios suban aún más y no quiero tener que ir a NY para probar el mejor jabugo español.



Dicen que el hecho de que sea legal supondrá nuevos puestos de trabajo y que el mercado se expanda. Por lo de los puestos de trabajo, si es verdad, me alegro infinito. En cuanto al mercado, yo creo que está bastante expandido en nuestro propio país. Y si no podemos conseguir que se expanda más es por la santa nómina.

Que yo no compro serrano mondo y lirondo por amor al arte. ¡Yo quiero jabugo!. Y ahora que se acercan las fiestas ya estoy calculando el precio del menú que me gustaría preparar y se me quedan los ojos en blanco. Ya de por sí la comida es más cara en la isla así que si uno pretende preparar algo especial, empiezan los vértigos.


¡Ay, mi jamón, jamón! ¿podré seguir catándolo o tendré que pedir segunda hipoteca?.

That´s the question, digo, he ahí la cuestión.