Me pregunto si habrá un estudio sobre la personalidad en relación con la forma de abrir los regalos.
En esto P. y yo nos parecemos tanto como un huevo a una castaña. Yo debo ser la castaña y él, el huevo. Yo dura y él, delicado.
Primero le dí el maletín. Cogió el paquete y sonriendo dijo "ya sé lo que es". Lo abrió tomándose su tiempo en quitar la cinta adhesiva y desenvolviéndolo por sus pliegues. Lo sacó, examinó el exterior, abrió las cremalleras, palpó cada bolsillo, hueco, compartimento, lo agarró con las dos manos y puso la misma cara que un niño el primer día de colegio con su cartera nueva. "Qué ganas de vaciar el viejo", dijo.
Yo, programada en versión ráfaga de ametralladora: "¿te gusta?, ¿sí?, ¿sí? ¿viste que buen tamaño?, ¡qué cómodo se ve!, ¿verdad? ¡me encanta el material!, ¡el asa parece tan cómoda!, ¿a que sí? ¡te pega un montón!, ¡qué bonito!, ¿verdad?".
Aprobado con nota alta el primer regalo volví al dormitorio a por el segundo, cerrando la puerta para sacarlo de debajo de la cama como si él no supiera donde ha estado guardado todas estas semanas.
Le dí la caja y le dije, para darle más emoción: "con cuidado". Levantó las cejas con cara de sorpresa, colocó la caja sobre sus rodillas y empezó a desenvolverlo con el mismo cuidado que el regalo anterior.
Deshecho el primer pliegue y en vez de quitar todo el papel, se asomó primero al interior para quizás ver la esquina del regalo y tener así una pista sobre su contenido.
Pero no contaba con que yo, agente secreto especialmente entrenada para misiones navideñas, había envuelto el regalo en dos capas. Una, la propia bolsa de plástico de la tienda y otra, el papel brillante de regalo. "¡Otro papel más!", dijo, riéndose.
No, no iba a ser tan fácil.
Quitó el papel y nuevamente con mucho cuidado la cinta adhesiva de la parte superior de la bolsa. Se asomó, vio una esquina de la caja, me miró, abrió mucho los ojos y dijo: "¡No!". Y yo: "¡Sí!". Y él: "¡No!" y yo: "¡Sí!".
Y por unos segundos, compartimos el mejor diálogo de besugos de toda la historia escrita sobre la Navidad.
Misión "Navidad-del-desierto": COMPLETADA.

* P. ha extendido en la mesa del comedor el contenido de la caja con sus accesorios y manuales de instrucciones. Hoy podrá jugar durante todo el día como el resto de los niños, liberado expresamente de las cargas domésticas.
Yo daré cuenta de los "Ferrero" que me compró. Mi regalo (super-regalo, mejor dicho) llega a mediados de enero pero P. pensó que yo no debía quedarme ayer con las manos vacías.
¡Feliz Navidad!